MINI HOJALDRITOS DE QUESO DE CABRA CON MERMELADA DE ARÁNDANOS Y KRISPIES DE CECINA

Entramos en época de bodas, comuniones y bautizos, al menos por aquí por Córdoba. Y una de los aspectos que más preocupa es el menú de la celebración y el coste del mismo. Cada vez se hacen más celebraciones en las que se contrata un catering. Por muchas cuestiones, Carmela en rama, de momento, no puede aspirar a ser una empresa que se dedique a ello como tal, pero no pierdo la esperanza de que algún día lo pueda conseguir. Mientras tanto, sigo imaginando e inventando que me gustaría ofrecer a mis clientes y uno de esos aperitivos que merecen la pena en cualquier celebración que se precie son estos mini hojaldritos cuyo ingrediente principal es el queso de cabra.
Hay pruebas de que desde hace más de 4.000 años el ser humano elabora queso de cabra. En algunos museos arqueológicos se pueden observar algunas de las herramientas que utilizaban para preparar quesos desde la Edad del Cobre. Estos materiales se encontraron en algunas partes de España donde siempre ha existido rebaños.
Desde las viejas civilizaciones, el queso se ha almacenado para las épocas de insuficiencia y se le considera un buen alimento para los traslados, siendo apreciado por su facilidad de transporte, buena conservación y alto contenido en grasa, proteínas, calcio y fósforo. El queso es más ligero, más compacto y se conserva durante más tiempo que la leche a partir de la que se obtiene.


Los romanos también fueron grandes aficionados a los quesos de cabra y de oveja. Era uno de los placeres que degustaban las distintas escalas sociales. Han perdurado documentos escritos con instrucciones para la elaboración y conservación de los quesos. Por entonces, como hoy en día, ya se recomendaban espacios frescos y sin que les diese la luz del sol.
España siempre ha sido un territorio de ganaderos, y donde han existido cabras se ha trabajado el queso como un modo de aprovechar la leche de la oveja. Desde la Edad Media hasta la actualidad se han conservado como un elemento tradiconal que aparece en numerosos libros de ficción como parte de las comidas de sus protagonistas, al igual que en manuales de cocina.


El queso de cabra forma parte de la tradición gastronómica y cultural de nuestro país. No se puede entender el carácter de los habitantes de un lugar sin saber como se alimentan. El queso de cabra también llamado chèvre en Francia es un alimento sólido elaborado a partir de la cuajada de la leche de cabra. Es un lácteo compuesto fundamentalmente por agua. Tiene un bajo aporte calórico debido a la cantidad de hidratos de carbono y grasas que contiene. Aporta proteínas de muy buena calidad. En cuanto a vitaminas y minerales la leche de cabra destaca en calcio y vitamina D, sustancias esenciales para la formación de huesos que ayuda a prevenir enfermedades como la osteoporosis. Es más sabrosa que la leche de vaca y algo más dulce. Debido a que su sabor es más fuerte que el de la leche de vaca, su aceptación es relativamente menor. La leche de cabra contiene también niveles muy bajos de lactosa, el azúcar propio de la leche, por lo que puede resultar muy útil para personas intolerantes a la lactosa.


Otra de las características de este queso es que combina estupendamente tanto con sabores dulces como salados. Por eso, estos hojaldritos son una auténtica delicia porque contrastan los sabores salados y dulces, así como las diferentes texturas, el queso derretido, la mermelada líquida y el crujiente del hojaldre y la cecina. Un aperitivo que es muy fácil de hacer y que seguro que os gustará cuando lo probéis. Os dejo la receta...

1 lámina de hojaldre
Medallones de queso de cabra
Mermelada de arándanos
Lonchas de cecina

Estiramos el hojaldre y colocamos encima los medallones de queso. Con un cortapastas con un diámetro mayor que el queso o un aro de emplatar cortamos discos de hojaldre. Ponemos en el centro del hojaldre una cucharadita de mermelada, encima el medallón de queso y doblamos el hojaldre plegando y pegando bien para que no se no derrame mucho el queso al hornearlo. Repetimos con el resto de medallones.
Colocamos sobre papel sulfurizado en una bandeja de horno. Pintamos con huevo batido y horneamos a 220º durante 20 minutos. 
Mientras ponemos 2 lonchas de cecina sobre papel de horno dentro del microondas y dejamos a máxima potencia 5 minutos. Sacamos, dejamos enfriar y rompemos con las manos en trocitos o si lo queremos más fino, lo pasamos por la batidora para hacerlo polvo. Sacamos los hojaldritos y espolvoreamos con el krispy de cecina.



Es probable que algún hojaldrito se os rompa por arriba un poco y se salga el queso. No pasa nada porque sigue estando igual de bueno, y con sólo decorarlo con la cecina, quedará perfecto. Espero que lo disfrutéis. Buen provecho!




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